COMUNICADO CONJUNTO: Gran Logia Simbólica Española; Gran Logia Femenina de España; Gran Oriente de Francia; Federación Española del Derecho Humano.Inmigración: Laicidad como factor de integraciónLas migraciones son un fenómeno tan viejo como la misma humanidad, pero en algunas épocas, como la que nos toca vivir, motivan un sinfín de posicionamientos; políticos e institucionales. También generan preocupaciones en el tejido social donde, con harta frecuencia, la identidad y la cultura no son otra cosa que el alimento de ideologías y polémicas públicas. En este sentido, el tan traído discurso de la multiculturalidad o el de la interculturalidad, han contribuido, en múltiples ocasiones, a crear etiquetas que sólo sirven para clasificar y categorizar socialmente a los recién llegados con el título de inmigrantes. Ante las dificultades para afrontar este reto surgen fácilmente fundamentalismos y grandes verdades excluyentes, no sólo basándose en ciertas religiones cada vez más presentes en Europa, sino también en las que se sustentan en las instituciones religiosas más arraigadas históricamente. En todas ellas se da el fundamentalismo o rigidez interpretativa, el integrismo, el clericalismo y en algunas la teocracia. Todas ellas a su vez han sido responsables de sustentar el sistema ideacional/cosmogónico que ha fundamentado y justificado una sociedad clasista y patriarcal, productora y reproductora de un sistema de vida que antepone el triunfo personal y la competitividad a la colaboración, cooperación y a la solidaridad. La Laicidad no es la mera separación entre Estado y Religión, ni la que preconizan actualmente los lobbys religiosos. Para nosotros, la laicidad ha de ser contemplada como condición indispensable para hacer posible el concepto de ciudadanía plena, frente al concepto de súbdito que se encuentra oculto en las trampas identitarias tendidas por el neoliberalismo y la irracionalidad de tradiciones obscurantistas que no consideran la condición humana como premisa básica de la ciudadanía. La laicidad está basada en la razón y en una manera de estar en el mundo, que implica libertad de pensamiento y libertad de acción frente a cualquier autoritarismo, dogma o creencia impuesta. Es sinónimo de libertad, tolerancia y progreso. El estado laico debe garantizar, como factor de cohesión de la sociedad, una protección social, un sistema de salud pública, un sistema público y laico de educación, una legislación no confesional, unos ceremoniales civiles desvinculados de connotaciones religiosas (funerales de estado, tomas de posesión de autoridades, ceremonias conmemorativas, etc.) Nadie es responsable de haber nacido en uno u otro país, de hecho, no existe ningún argumento que permita excluir a los inmigrantes de los derechos amparados por la Constitución: el sufragio, la educación, la sanidad... Por lo tanto, hay que concluir, que los derechos no son “algo” susceptible de ser conseguido, sino que son consustanciales al propio ser humano, simplemente hay que cumplirlos, porque son inherentes a la condición de ciudadano en el marco de un estado democrático. La tolerancia activa, que se desprende del marco de la laicidad es, precisamente, la condición que ha de posibilitar la convivencia en la diversidad de una sociedad cada vez más plural, en la que las opciones han de poder desarrollarse en el marco que respete “todos los derechos para todas las personas”. El papel de una educación laica consiste, precisamente, en incorporar un nuevo concepto de ciudadanía emancipada, e esencia de la propia sociedad plural y abierta, en donde ciudadanía y convivencia son los fundamentos de una educación que está al servicio de la autonomía y de la libertad de todos los ciudadanos. Desde este punto de vista, se entiende que la educación pueda interpretarse no sólo desde una perspectiva académica sino también formativa, en la que se propugnan unos valores éticos que contribuyen a la formación integral de cada persona. Educación e integración son valores directamente relacionados con los principios de laicidad y de igualdad. Son éstos los planteamientos desde los que consideramos la necesidad de entender como base indispensable de inclusión:
Barcelona, 9 de mayo de 2009
DECLARACIÓN DE LA MASONERIA LIBERAL Y ADOGMÁTICA, SOBRE LA SEPARACIÓN IGLESIA Y ESTADO La Gran Logia Simbólica Española, la Gran Logia Femenina de España y la Federación Española de El Derecho Humano, mostramos nuestra preocupación por las presiones que sufre la sociedad por parte de la jerarquía católica española, deseosa de generar una involución en los últimos avances en la igualdad de derechos cívicos que se han conquistado. La Masonería española que representamos manifiesta su apoyo a todos los colectivos sociales que trabajan para conseguir que el Estado español sea realmente laico. Un Estado donde todos los ciudadanos y entidades, laicas, religiosas u otras, puedan disfrutar de los mismos derechos, deberes y oportunidades, y en el que la vida pública se desenvuelva dentro de un marco legal y operativo plenamente aconfesional. Asimismo, reclamamos al Gobierno que se establezcan condiciones de igualdad para las distintas iglesias y confesiones y, a su vez, que denuncie y no renueve el Concordato con el Vaticano con el fin de concluir con compromisos del Estado con una Iglesia específica, en especial en cuanto a su financiación, y para que ninguna religión mantenga vínculos de dependencia e interferencia respecto a la organización del Estado como tal. La sociedad española es lo suficientemente madura para liberarse de las ataduras que le impone un pasado de confluencia, cuando no de identificación, entre Estado e Iglesia Católica. Por eso, como integrantes de la Masonería, respetuosa con todas las religiones y que tiene como uno de sus objetivos la armonía social entre todos los seres humanos, en libertad y respeto mutuo, entendemos que ha llegado el momento de superar definitivamente ese pasado en España y de llevar a cabo, por parte de los poderes públicos, la total laicidad del Estado para fortalecer la convivencia cívica y democrática, sin privilegios ni discriminaciones. En Madrid a 28 enero de 2008 Firmado:
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