21 de Noviembre de 2021

Aprobado el levantamiento de 4 nuevas Logias en la GLSE

EL Gran Consejo Simbólico de la GLSE aprobó, en el día de ayer, conceder Carta Patente a cuatro nuevas Logias que encenderán sus luces próximamente: R.·. L.·. Cagliostro nº 100, R.·. L.·. Hispanoamericana nº 101, R.·. L.·. Migdia nº 102 y R.·. L.·. Antonio Machado nº 103.

R.·. L.·. Cagliostro nº 100 en el O.·. de Las Palmas de Gran Canaria

El primer proceso inquisitorial en España contra un masón, y uno de los primeros del Orbe cristiano, se produjo en Las Palmas de Gran Canaria, contra un católico acusado de pertenecer a la Masonería. Fue absuelto por el Tribunal del Santo Oficio del delito de herejía, pues siendo súbdito de la Iglesia se había alistado en una hermandad donde se realizaban juramentos impíos para guardar un misterioso secreto, y donde habrían de convivir gentes de distintas creencias y opiniones, con la siguiente confusión respecto a los principios doctrinales y dogmáticos de la Santa Madre Iglesia.

Y el primer Taller de Canarias se constituyó en Tenerife como logia escocesa de San Juan, “Los Comendadores del Teide”, el16 de diciembre de 1816. En 1820 solicitó su reconocimiento al Gran Oriente de Francia. En 1822, una vez cambiado su nombre por el de “Amistad”, recibió los auspicios del mismo, aunque al año siguiente pasaría al Gran Oriente de España.

En la década de 1870 la inmensa mayoría de estas logias pertenecieron a la obediencia del Gran Oriente Lusitano Unido, con sede en Lisboa. La primera logia de esta época en Gran Canaria fue la “Afortunada” y perteneció a este Grande Oriente, con el número 36.

A lo largo del último tercio del siglo XIX, se suceden períodos de auge o estabilidad y otros de crisis o desánimo. Durante el Sexenio Democrático, la Logia Afortunada nº 36 continuo bajo los auspicios del Grande Oriente Lusitano Unido, hasta 1887 que lo abandona, a causa de reclamaciones de carácter tributario y, sobre todo, por las amenazas de la obediencia lusa de declarar irregular a todos los talleres que tuvieran “relaciones oficiales con los auspiciados por Orientes españoles.

Durante 1888, los masones de Las Palmas apoyaron el proceso de unificación de la Masonería española encabezado por Miguel Morayta Sagrario y, a finales de este año, pasaron a engrosar las filas del que sería el Grande Oriente Español, nacido a partir de los antiguos Grande Oriente Nacional de España y Grande Oriente de España. La logia Afortunada fue registrada con el número 5 en la nueva obediencia, bajo la que perduró hasta 1896.

Esta logia apadrinó, en febrero de 1895, la fundación en el Puerto de La Luz, el taller Luz Marítima nº 226.

También existieron en Las Palmas de Gran Canaria, durante la década de 1890, otras dos bajo la obediencia de la Gran Logia Simbólica Española del Rito Antiguo y Primitivo Oriental de Memphis y Mizraim. La primera, Gran Canaria nº 93, con carta patente de mayo de 1892. La segunda, fundada a finales de 1893, se denominó Honorable Gran Logia Provincial de Canarias.

Los masones del Puerto de la Luz construyeron un templo que nunca llegó a ver la luz, y fundaron, en 1900, una logia con el nombre de Prince of Wales, nº 1 que, en marzo de 1901, consiguió los auspicios del Grande Oriente Ibérico, con el número 129. Llegó a contar con 34 miembros activos; abatió columnas en 1902; en junio de 1903 pasó a denominarse Afortunadas nº 5, bajo la obediencia del Grande Oriente Español.

Doce masones de Las Palmas, de la extinta Afortunadas Nº 5, decidieron, a finales de 1905, erigir un taller con el nombre de Atlántida, que inmediatamente fue reconocido por el Grande Oriente Español y registrado con el número 285.

La Masonería de Las Palmas no volvió a levantar columnas con posibilidades de pervivencia hasta noviembre de 1922, con la logia Andamana, gracias a ocho masones de los que siete habían pertenecido a la logia Añaza de Santa Cruz de Tenerife.

La fundación de Acacia nº 4, en el Puerto de La Luz, a su vez, tuvo lugar en marzo de 1932, y en ese mismo mes obtuvo la preceptiva Carta Patente de la Gran Logia de Canarias.

En los años veinte y hasta la proclamación de la II República, los masones canarios, llevaron a cabo un proceso de unidad con la constitución de la Gran Logia Canaria. El momento no era el más adecuado, pues bajo la Dictadura de Primo de Rivera, la Masonería no podía encontrar un ambiente político adecuado para el desarrollo de sus ideales progresistas.

Entre los días 18 y 19 de julio de 1936, fueron ocupados los locales de las logias de Las Palmas y de Santa Cruz de Tenerife, quedando paralizada y perseguida la Masonería, como en el resto del estado.

La R.·. L.·. Bentayga nº 68 va a acompañar a la R.·. L.·. Cagliostro nº 100 en el pequeño gran continente de gran Canaria, capital europea del Atlántico medio y puente entre Europa, África y América.

R.·. L.·. Hispanoamericana nº 101 en el O.·. de Valencia

La primera Logia de Valencia fue “La Fraternidad” nº 15, auspiciada por el Gran Oriente Nacional y fundada en 1819. El Gran Oriente de España constituyó en 1869 “La Fraternidad” nº 4. Le siguieron otros Talleres, de los que no queda documentación, tan solo referencias en una circular del GODE, 1873, en el que se relata el fusilamiento de los insurrectos cantonales de Valencia y de un obrero de la Logia Fraternidad.

Cuando cae la I República solo sobrevive un Taller fundado por el Gran Oriente Lusitano Unido: “La Severidad” que contaba con 53 miembros. En 1877 el Gran Oriente de España levanta “La Acacia” y da paso a una notable expansión, destacando la Federación Valentina nº 93 fundada en 1893. Casi todos los integrantes de las logias marcan el ritmo del republicanismo valenciano todos estos años, y entre ellos destaca Vicente Blasco Ibáñez.

El número de miembros de las logias fue descendiendo paulatinamente y tras la crisis finisecular de 1896, en la que los masones fueron acusados de provocar la crisis en Filipinas, muy pocas logias sobreviven, entre ellas, tres valencianas: “La Federación Valentina”, “Puritana” y “La Severidad”. Este periodo de estancamiento será superado a partir de 1921, con la entrada de una serie de jóvenes republicanos muy combativos, coincidiendo con la dictadura de Primo de Rivera y la I República.

La Gran Logia Simbólica Regional de Levante se constituye en julio de 1923 y conforma los núcleos masónicos de Valencia y de Alicante, porque en Castellón desparecen entre 1928-29. A pesar de las pocas afiliaciones exitieron 8 logias y tres triángulos, sumando más de 300-350 masones hasta 1936.

Se ubicarán, a partir de 1933, en una sede común en la calle del Conde de Montornés nº 19, que llamaron Liceo de Levante para adaptarse a la Ley de Asociaciones de aquellos años.

El 18 de julio de 1936 se produce el levantamiento. Y en la Masonería valenciana sucede algo inédito anteriormente en la Masonería española: se crean tres o cuatro logias accidentales o circunstanciales, por masones que se desplazaron con el Gobierno cuando se traslada la capital de la República a Valencia, para seguir trabajando y, una vez ganada la contienda, retornar a sus respectivas ciudades. A partir de 1938, que el gobierno de la República pasa a Barcelona, estas logias desaparecen y se crean allí otras. Este año es muy complicado, suceden grandes bombardeos en Valencia y se percibe que la República va perdiendo la guerra. Llegan noticias de las provincias que habían caído en manos de los sublevados desalentadoras: represión bárbara contra la Masonería.

La R.·. L.·. Luis Vives nº 37 y la R.·. L.·. Ágora nº 81 reciben a este nuevo Taller de la GLSE en “la ciudad de la luz”.

R.·. L.·. Migdia nº 102 en el O.·. de Castellón de La Plana

La Masonería se extendió en la provincia de Castelló durante el Sexenio Democrático y tuvo un fuerte impulso y desarrollo durante la Restauración.

Castelló fue una plaza especialmente relevante en la última década del siglo XIX: aquí se celebró un juicio oral y público por la denuncia que el Grande Oriente Español interpuso contra los presbíteros Wenceslao Balaguer Queralt, redactor del semanario católico “La Verdad”, y Andrés Serrano García-Vao, subdiácono de Tortosa. Se juzgaron los artículos en los que se vertían fuertes críticas a la Masonería. El 11 de noviembre de 1890, se produjo el juicio en la Audiencia provincial de Castellón con gran expectación y polémica. Los acusados fueron absueltos, pero llevar al banquillo a dos sacerdotes fue un hito.

En agosto de 1896, la policía del gobierno conservador de Cánovas del Castillo irrumpió en la sede del Grande Oriente Español de Madrid, por las acusaciones de connivencia con los rebeldes filipinos del Katipunan, que se habían rebelado contra el dominio colonial español. Se inició una persecución que afectó al resto de obediencias.

Las logias castellonenses dejaron de trabajar y desaparecieron afectadas, además desde 1892, por crisis internas, que provocaron la salida de los principales dirigentes del republicanismo castellonense, grandes impulsores de la institución. La enorme presión que los sectores conservadores e integristas contra la Masonería, especialmente en Castelló a través de la revista católica La Verdad, fue otro obstáculo.

Aún así, en las tres primeras décadas del siglo XX, había treinta y seis masones registrados. Más tarde, la represión condenó a veintinueve de los masones castellonenses.

El nuevo Taller, Migdia nº 102, acompañará a la R.·. L.·. Manuel Fabra nº 60, en el intento de “alcanzar la verdadera Fraternidad y la Luz, que tanto ansiamos y deseamos los Francmasones”.

R.·. L.·. Antonio Machado nº 103 en el O.·. de Sevilla

La implantación de la Masonería en Andalucía fue muy temprana, siendo el punto de partida Cádiz, a fines del siglo XVIII. Sin contar con los masones extranjeros establecidos en Cádiz, las primeras noticias de logias, documentadas, son del periodo bonapartista; dependiendo del Gran Oriente de Francia la logia “Amigos del Honor” de Sevilla, debió ser contemporánea a otras bonapartistas en su vertiente española, tildadas después de 1808 de afrancesadas. Bajo el reinado de Fernando VII, Cádiz es la única que mantiene logias en activo, según la vía documental.

La verdadera eclosión de la orden masónica adviene con la revolución de septiembre de 1868, que inaugura el llamado Sexenio Democrático (1868-1874): aparecen en Sevilla 11 Talleres. Los números aumentan a medida que avanza el siglo, interrumpiéndose con la persecución por el Gobierno en 1896 por el conflicto colonial cubano y de la crisis filipina, que termina en el desastre del 98, con 50 logias en la capital.

De 1922 a 1936, la Masonería española vivió de nuevo una etapa de relativo esplendor, en el origen del cual estaría la creación del GOE, y en 1923, de las Grandes Logias Regionales, en cuya organización destacaron poderosas personalidades, como la del líder republicano radical Diego Martínez Barrio, al frente de la logia Mediodía con sede en Sevilla.

Por otra parte, durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), las logias se convirtieron en lugar de encuentro de republicanos, socialistas y cenetistas, sometidos al forzoso ostracismo político y sindical. Las autoridades de la dictadura encarcelaron y procesaron a grupos de masones. Hostigado en Madrid, el GOE trasladó en 1926 su sede a Sevilla.

Tras la caída de la dictadura en 1930 y la proclamación de la República en 1931, la Masonería vive un periodo de euforia, que más tarde truncaría de nuevo el franquismo. "Cuando asaltaron la casa de Diego Martínez Barrio -que fue presidente de la República, jefe de Gobierno y presidente de las Cortes- levantaron el suelo esperando encontrar cadáveres de víctimas de supuestos rituales satánicos y sólo encontraron archivos y fotos que sirvieron para identificar, localizar y cazar a los miembros de las logias". El historiador almeriense Fernando Martínez, asegura que la presión social contra los masones se volvió insoportable y pone como ejemplos el listado que publicó el diario sevillano conservador La Unión de 74 masones o la lista ad hoc que confeccionó un presbítero cordobés.

La R.·. L.·. Obreros de Hiram nº 29 fue la primera que comenzó el trabajo de recuperación de la tradición masona de Sevilla, arrasada en la dictadura. Más tarde llegaron la R.·. L.·. Mediodía nº 66 y la R.·. L.·. Ariadna nº 86.  Se une ahora, la R.·. L.·. Antonio Machado nº 103, a estas “escuelas de convivencia, de virtudes y valores” sevillanas.