13 de Enero de 2021

Encuentro con Vladimir Carrillo en la Red

La Asociación Piedra Franca – R.·.L.·. Sapientia Ars Vivendi nº 87 de Salamanca cuenta 19 encuentros que se producen, casi mensualmente, desde hace tres años.

El día 11 de enero ha sido el primero telemático; en esta ocasión, se ha abordado el tema de la influencia del pensamiento del siglo XIX en la Masonería, coincidiendo con la de la edición del libro “Influencia del pensamiento decimonónico en la Francmasonería” de Vladimir Carrillo Rozo.

Explica el profesor Carrillo que la Masonería tiene un lugar peculiar en la Historia de las Ideas, porque posee su propia crónica sobre la transformación crítica de sujeto y realidad.

¿De qué está hablando? De la teoría del pensamiento que sostiene que la Masonería está impregnada de las filosofías íntimamente relacionadas con el problema de la emancipación.

Parte de la idea de que al explorar lo relativo a la conducta y las organizaciones humanas, (la Masonería es una singular expresión de ambas), debemos contemplar las fuentes filosóficas que la están influyendo en cada momento. Somos, dice, filósofos porque somos masones.

Enlaza el comportamiento humano, que no está libre de una censura interna y externa, con las fronteras de la filosofía.

Hablar de Masonería, Filosofía y Psicología (entre otras áreas del saber) es referirse a distintas escalas y dimensiones de un mismo cuerpo pensante, con una dialéctica entre ellas. Son, entonces, procesos psicológicos de implicación política porque todos los actos humanos son actos político-ideológicos.

Pero, ¿cómo impacta la filosofía en la Masonería?

Lectura de “La tragedia del orfelino de la China” de Voltaire, en el salón de madame Geoffrin. Pintado por Anicet Charles Gabriel Lemonnier. Entre los personajes que aparecen en la pintura se encuentran: Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Diderot, d’Alembert, Buffon, Quesnay, Du Plessis y Condillac.

Lectura de “La tragedia del orfelino de la China” de Voltaire, en el salón de madame Geoffrin. Pintado por Anicet Charles Gabriel Lemonnier. Entre los personajes que aparecen en la pintura se encuentran: Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Diderot, d’Alembert, Buffon, Quesnay, Du Plessis y Condillac.

Impacta en las teorizaciones psicológico-políticas, donde se otorga gran valor a estos tres procesos:

LIBERTAD: autoconstrucción soberana del sujeto.

IGUALDAD: autonomía arquitectónica de su carga simbólica y filtros emocionales.

FRATERNIDAD: coexistencia de interpretaciones para viabilizar una acción (crítica) sobre la realidad.

El ritual es una ficción simbólica (ideológica), que acerca la realidad bruta a la voluntad, a la manera de nietzsche: como motor de los deseos, causa última de nuestro lugar en el mundo.

Pero la Masonería no está alineada con escuelas o enfoques específicos, indica el profesor Carrillo. Se alimenta caóticamente de debates intelectuales y fenómenos sociales donde logra echar raíces. Los lazos existentes indican que, para estudiar los territorios de la Masonería, es preciso analizar las cuestiones derivadas del pensamiento filosófico universal.

Nuestra institución, prosiguió el profesor Carrillo, comparte ventura con la Filosofía en cuanto a pensar la realidad en su totalidad. Lo intenta a través de trascendentales preguntas sobre por qué las cosas son como son y por qué hay una realidad en lugar de la nada ausente.

Somos una especie que siente pánico ante la nada. En nuestra mayúscula orfandad y fragilidad cósmica nos esforzarnos por llenarlo todo con cosas, relatos, fábulas, ideas, etc.

Skrik, Munch. 1893. Óleo y pastel sobre cartón. 91 x 73,5 cm. Galería Nacional de Oslo, Noruega.

Skrik, Munch. 1893. Óleo y pastel sobre cartón. 91 x 73,5 cm. Galería Nacional de Oslo, Noruega.

Poseemos una inmemorial obsesión metafísica por la totalidad, aunque la realidad es inabarcable e ignoramos casi todo sobre los fantasmas del pensamiento. Pero estos espectros nos persiguen hace incontables generaciones, tal vez por el conocimiento o conciencia de la muerte, agitada sin piedad ante nuestros ojos por Heidegger.

La Masonería reclama su legitimación como la heredera auténtica de remotas tradiciones (anteriores a la Ilustración); en todo caso, nuestra Organización ha sido receptora de algunas de las más importantes corrientes filosóficas de Occidente.

Así edificios del pensamiento o partes de sus ruinas obraron el milagro racional de la mezcla ideológica y cultural. Algunos estudiosos han investigado nuestros misteriosos mitos adoptados: las columnas de Salomón, la desaparición del arquitecto Hiram, los templarios o los gremios de la construcción; pero otros se han preguntado cómo quedó de impregnado el relato masónico cuando atravesó las reflexiones de las masas y los filósofos durante los tormentos y esperanzas de los siglos XIX y XX.

La impronta de Hegel permanece porque personifica en la “totalidad”, la apropiación humana de todo lo real-histórico.

Esta extraordinaria aportación de Hegel a la Masonería del espíritu, es de gran importancia para la explicación filosófica del viaje vital del sujeto y el cambio de su realidad, y está reflejada en su “Herrschaft und Knechtschaft”: la dialéctica del amo y el esclavo, relacionada con la lógica de la carga simbólica del sujeto pensante.

El filósofo ruso-francés Alexandre Kojève (1902-1968) desarrolló estas ideas en sus célebres conferencias.

Hegel se preguntó por el origen de la Historia, y encontró parte de la respuesta en lo elemental de las relaciones humanas: la Historia comienza cuando dos conciencias se alejan de la naturaleza básica hacia el mundo de los deseos, lejos de la mera supervivencia animal: se desean deseos (que residen o dependen de la actitud/acción del otro/a distinto), como sujetos pensantes que quieren algo más que alimento, abrigo y refugio.

¿Qué deseamos del otro/a? Según la dialéctica del amo y del esclavo que nos reconozcan (deseamos ser el objeto de deseo del otro).

Hay un choque entre esas dos conciencias, y una resulta sometida por la que la pretende ser reconocida (y legitimada).

La humanidad del sujeto está totalmente ligada al reconocimiento, por parte del otro/a, de su carga simbólica.

Imagen 1: Serafino Malaguarnera ofrece una perspectiva entre Lacan y Hegel a través de la dialéctica del Amo y el Esclavo. Imagen 2: pensarelpsicoanalisis.com.ar

Pero será el esclavo quien establezca una relación y puentes entre su inventiva o imaginación y la transformación de la materia (procesos de aprendizaje) mediante sus herramientas de trabajo.

Hegel muestra a esas dos entidades enfrentadas: una desea a la otra en la afirmación, luego el amo niega-negación al futuro esclavo y lo hace someterse. Y, finalmente, el esclavo niega-negación de la negación del amo cuando comprende que sabe transformar la materia con su trabajo, es decir, a la misma realidad.

Pasamos a una síntesis totalizadora, a un nuevo paradigma cultural que concilia a los contrarios. Una totalidad que más tarde se enfrentará a otra en una nueva partida dialéctica.

Aquello que resulta reconocido y legitimado, o des-conocido y des-legitimado es la carga simbólica del sujeto.

La carga simbólica (psicoanálisis) encierra, mediante una serie muy amplia de representaciones inconscientes, adopciones e implantaciones culturales, los códigos que permiten mapear los principales aspectos que comprenden la identidad de un individuo.

A través de los sistemas que la componen (filtro emocional: conjunto de conjuntos y modelos simbólicos), el sujeto crea un marco por medio del cual leer la realidad, creando una matización con particulares fluctuaciones de ánimo y cambios somáticos leves que lentamente ayudan a formar modelos finales de conducta.

La vida del sujeto está marcada por las relaciones de esa carga simbólica estable con el entorno, ésta empieza a estructurar se desde la propia aparición del YO.

Su primer fin es psico diagnóstico (establecer si el otro es una amenaza o si es posible la comunicación) y su principal función es la demanda de reconocimiento y legitimación de su propia imagen por parte de otras cargas simbólicas.

Podríamos considerar que la carga simbólica es algo que se empieza a modelar desde lo que el Dr. Lacan llamó el “estadio del espejo” y la aparición del Yo (estando sus comienzos humanos en la propia filogénesis de la especie).

Asociada a la carga simbólica está el filtro emocional, que también es una acción de la psiquis para filtrar la realidad a través de los símbolos que explican, comprenden y contienen al sujeto. El filtro emocional evita una relación de inmediatez con la realidad. Matiza el mundo que percibimos, siendo así determinante para acercarnos a él de una manera crítica. El filtro emocional es el marco de crítica concreto a través del cual leemos la objetividad.

El sujeto lee las “cosas”, las relaciones, el mundo y sus movimientos, etc., a través de su carga simbólica y específicamente por medio de los filtros emocionales que estructuran los subsistemas de ésta. De ahí que, como nombraba el profesor Carrillo, estos subsistemas simbólicos puedan actuar como “mecanismo de relojería” contra la pulsión. Por lo tanto, la carga simbólica y el filtro emocional tienen una implicación psicopolítica.

El filtro emocional (que como todos los aspectos profundos de la conciencia tiene un proceso de maduración y cambio que dura toda la vida del individuo) tiene tres funciones primarias:

1.- La conservación efectiva de la autonomía interpretativa del sujeto.

2.- A partir de esto mantener sus impulsos creativos (la acción “equilibrante” y “erotizante” que representa el ejercicio de su imaginación).

3.- Y finalmente contribuir en un proceso lento de edificación de un marco crítico para la lectura de la realidad.

Lámina del profesor Carrillo. Representación del sujeto interpretando la realidad a través de un filtro.

Los anteriores principios codifican una hermenáutica sobre la auto-constitución y soberanía interpretativa del sujeto. El profesor Carrillo establece en su obra cómo los gigantes Hegel, Comte, Schelling, Krause, Marx, Nietzsche o el Psicoanálisis, han ayudado a trazar algunos de los rasgos filosóficos y psicológicos más importantes de la Orden Masónica.

Para saber más:

Comprad el Libro: Influencia del pensamiento decimonónico en la Francmasonería

Vladimir Carrillo Rozo es sociólogo y psicoanalista. Desarrolla sus actividades profesionales en la docencia, la comunicación digital y la investigación social (F UNED, GEDIF y Revista de Cultura Entreletras). Es autor de “Karl Marx en el cine: Extracto de una huella filosófica” (2017), “En el tiempo de la bala y la salamandra” (2015), “Vida, trabajo y emociones en la realidad contemporánea” (2014) y “Colombia: Terrorismo de Estado” (2006). Es Maestro Masón de la Gran Logia Simbólica Española. Fue director del Curso de Fundamentación en Francmasonería (2016 y 2017) amparado por la ULLE y la GLSE.