26 de Junio de 2021

La GLSE participó en la I Jornada de Masonería organizada por la Logia Constante Alona del GODF

En el marco de la I Jornadas de Masonería: retos del siglo XXI, organizadas por la R.·. L.·. Constante Alona nº 138, perteneciente al Gran Oriente de Francia, el domingo 20 de junio tomaron la palabra con sendas ponencias Mariano Beltrán y Pilar Giráldez de la Gran Logia Simbólica Española, precediendo a Teresa Bellido del GODF.

Tras la apertura del acto virtual, Mariano Beltrán disertó sobre“Feminismo y disidencia sexual. Reflexiones desde la bioética”.

Beltrán defiende que no deberíamos solo fijarnos en la “norma” sino en quién la dicta: el sujeto de hegemonía. Es el andros de Aristóteles representado y universalmente aceptado por el hombre blanco.

Se ha perpetuado este sujeto hegemónico gracias a la discriminación, la jerarquización de las diferencias y la naturalización de las jerarquías. La biología no es el destino de los cuerpos, por lo que no deben ser interpretados por un médico o un juez.

Para cambiar este sistema debemos subvertir ese planteamiento, derribar este “dogma de fe”. La disidencia con lo “natural”, con lo “normal”, entendido como lo “correcto” permite posicionarnos de manera inclusiva.

El patriarcado pone trabas: nos hace producto de nuestro contexto, o de una dinámica concreta, que nos encuadra en un sexo al que le corresponde un género.

Prostitución, gestación subrogada, transexualidad, cuestionan qué pasa en los cuerpos y con los cuerpos. La “norma sexual” sigue deslegitimando personas y familias “no naturales”.

Todo lo que ocurre, ocurre en los cuerpos, que no son entidades teóricas; el cuerpo es el centro, la piedra angular sobre la que se asienta el sistema androcéntrico de poder. ¿Es posible subvertir esta hegemonía solamente desde una mirada proteccionista?

Mariano Beltrán es psicólogo y activista por los derechos humanos. Investigador de la universidad Autónoma de Barcelona. Máster en intervención psicológica y Experto Universitario en Trastornos de la personalidad. Diplomado en perspectiva de género y bioética aplicada. Colaborador de medios de comunicación como el Huffington Post. Y es observador Internacional para el cumplimiento de la Ley de Amnistía en México, entre otras actividades.

 

Pilar Giráldez enfocó su intervención hacia “La mujer en la Masonería” en su forma “operativa” a lo largo de la historia.

La situación de la mujer no ha sido siempre la misma a lo largo de estos últimos cinco mil años, en cuanto a su presencia en el trabajo “de los hombres”. Aún en la actualidad se nos habla de la mujer en la historia como un ser sumiso, dedicado a la reproducción, que tenía prohibido trabajar y estar fuera de la guardia y custodia del hombre, en ningún caso independiente. Y esto es relativamente falso.

En la época prehistórica, lo que nos dice la arqueología, es que las mujeres y participaban en los medios de subsistencia del grupo, también en la caza mayor, aunque la mayoría de los recursos venían de la caza menor y recolección, donde participaban todos, incluidos los niños.

En la época griega la situación era variable, fuera de Atenas –donde la situación era más restrictiva-, las mujeres no podían ser ciudadanas de pleno derecho, pero sí podían ser independientes y ser propietarias de las tierras.

En la época romana, la mujer era considerada ciudadana de pleno derecho, pero a la vez como un ser débil que necesitaba protección. Su situación no fue siempre igual, varió legislativamente porque las mujeres hacían maniobras legales para tener mayor libertad: podía crear empresas, emanciparse y tener propiedades. Aun en tiempos de Augusto que hizo grandes esfuerzos por eliminar las libertades de la mujer, con tener tres hijos quedaba liberada de la custodia de los hombres.

En Esparta eran tan libres como los hombres y podían dedicarse al comercio y tener propiedades. Tanto los estoicos como los cínicos de la época Imperial creían en la igualdad en todos los ámbitos de la vida. Ejemplos como Hypatia de Alejandría demuestran que las mujeres trabajaban en puestos intelectuales y podían llegar a cargos preeminentes.

Si avanzamos y nos referimos a la Masonería operativa de la época medieval, los documentos históricos demuestran que las mujeres participaron en las obras mucho más de lo que se pensaba hasta hace poco. Entre los siglos XI y XIII, intelectuales y clérigos no se mostraban hostiles a las mujeres, fue la época de Leonor de Aquitania, Ermessenda de Carcassona, la maestra de Ende (iluminadora de manuscritos), Teresa Diez (pintora mural) o Sabine de Pierrefonds (maestra de obras y escultora).

En el S XIII eran admitidas en las cofradías profesionales y su presencia está documentada, por ejemplo, en el libro de los Oficios (Paris 1254) o en el más antiguo de los Old Charges (Antiguos Deberes) de la Masonería operativa, el poema “Regius” de 1309, donde figuran las siguientes citas: - Línea 42: “and love togeder as syster and brothur”(deben amarse como hermano y hermana). - Línea 204: “but be togeder as systur and brother” (pero estar juntos como hermano y hermana). - Línea 352: “As thawgh they were syster and brother” (como si fueran hermana y hermano).

Es en la segunda mitad del siglo XIII, cuando la legislación y la iglesia intentan limitar la capacidad de la mujer de ser independiente y se extiende la idea de que el orden natural es el patriarcado, aun así, con el tiempo seguimos encontrando documentación sobre la participación de la mujer en la construcción:

En el Rollo de Pagos de la construcción del Caernarvon Castle (1304-1305) y también en el “Account Book of the new haven, Chester” (1567-68), figuran muchas mujeres realizando tareas de construcción igual que el hombre.

En el manuscrito “Anno Domine1613-A Booke of the Buyldinge Charges at Boulsover the yeare of oure Lorde God:1613- Begininge the 2th.of November1612”, están inventariados los gastos de la construcción del Boulsover Castle (1613), y aparecen 24 mujeres y 5 chicas que cobraban 3 y 4 libras. Generalmente se las empleaba para demoler el muro viejo, ayudar a los colocadores, acarrear arena y pedregullo, cavar los cimientos, construir el horno de cal.

Las mujeres no solo participaban acarreando el agua, diseñaban y construían, pero los humanistas del Renacimiento y los historiadores del S. XIX se encargaron de ocultar el papel de la mujer en la historia de la construcción, no solo limitando los derechos de sus conciudadanas, sino eliminando el rastro de las mujeres que habían participado con los hombres en la construcción de las catedrales. Los estudiosos actuales han calculado que en torno al 30% de los operarios de la construcción eran mujeres; lo mismo picaban piedra, cortaban madera, hacían esculturas o preparaban mortero, participaban en todos los oficios.

En diferentes puntos geográficos y en diferentes momentos de la historia, la mujer trabajó prácticamente en igualdad con el hombre en la construcción. A pesar de personajes como Aristóteles o Tomás de Aquino que trabajaron activamente por eliminar los derechos de la mujer y cuyas ideas se trasladaron al Nuevo Mundo, también allí encontramos evidencias de mujeres trabajando en la construcción, por ejemplo en las Las Leyes de Indias, que estipulaban el jornal de las mujeres en los trabajos pesados, permitido para las mayores de 18 años.

Entre los S XVII y XIX, encontramos la lucha por recuperar los espacios de poder arrebatados y la mujer empieza a aparecer también en la Masonería especulativa, por ejemplo la viuda Margaret Wild que aparece en los registros de la Mason’s Company (1663) como masona, o Madame Xantrailles, teniente de los ejércitos revolucionarios franceses e iniciada en una logia masculina en Paris en 1837.

Llegadas las guerras mundiales, las mujeres ocupan los puestos de trabajo de los hombres, pero al finalizar las mismas son obligadas a abandonar -en ocasiones de forma violenta- no pueden seguir trabajando: fueron despedidas si no se iban voluntariamente, había que dar trabajo a los hombres que volvían de la guerra.

En la segunda mitad del siglo XX, vuelve el ideal de la mujer ama de casa. Una situación, si cabe, peor que la narrada desde el inicio de esta exposición. Echar abajo el esquema fijado a lo largo de los siglos de la mujer débil y pecadora es tremendamente difícil, pero siempre ha habido mujeres que se han resistido a esta situación, que luchan por los derechos del resto de las mujeres y por la igualdad.

¿Qué nos depara el futuro? Plantearlo de manera “binaria” solo proporcionará altibajos como hemos visto a lo largo de los siglos. Tal vez la clave sea dejar de pensar la humanidad en binario: hay que empezar a pensar en personas, no en hombres y/o mujeres, esa será la próxima revolución social.

 

 

Pilar Giráldez es directora de proyectos estudios del Patrimonio Cultural. Licenciada en Restauración por la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, México, D.F., amplió sus estudios con una Diplomatura en acción y Desarrollo Cultural, un Postgrado en Gestión de arqueología del patrimonio cultural (USC) y Postgrado en restauración arquitectónica (UPC).

 

Teresa Bellido disertño sobre “Masonería especulativa y mujer en la historia y actualidad”.

Declara que no le gusta el término “mixta”; trabaja con personas; está de acuerdo en que debemos dejar de pensar de manera binaria. Se refiere al Gran Oriente de Francia: acepta mujeres, pero no lo hace por compromiso social. es un acto de lógica y de normalidad.

Hace referencia al trabajo de los masones a lo largo de la historia y a la Masonería como institución: en 1717 aparece como tal la Masonería especulativa y en 1723 se publican las Constituciones de Anderson, primera carta magna de la Masonería: la ordena, organiza, estructura y reglamenta.

En 1854 se produce el hito de que el Gran Oriente de Francia, suprime el artículo de dichas constituciones que obligaba a creer en un dios revelado e inmortalidad del alma, así como jurar sobre un texto sagrado para poder ser Francmasón. Se decide la admisión de las mujeres en los Talleres. Esto provocó la división en dos corrientes masónicas, aún en vigor: la anglosajona (regulares) y la liberal y adogmática (irregulares).

La primera presencia de las mujeres en la Masonería se remonta a 1732: Elizabeth Albort, cuya historia-leyenda no puede ser la de una chica curiosa que miraba a través de un agujero en la pared miraba los trabajos de la Logia donde era VM su padre… Fue una mujer adelantada a su tiempo y seguramente su padre abogó para que su hija tuviera esa oportunidad.

En el S XVIII florecen logias para las madres, esposas e hijas de masones, bajo la tutela de ellos, fue el conocido como el “Rito de Adopción”.

María Deraismes  funda la Orden Masónica del Derecho Humano, en la que aparece por primera vez dentro de la Masonería el término “mixticidad” en igualdad de oportunidad entre hombres y mujeres. Otras grandes mujeres dejaron su impronta: Louise Michel; Madeleine Pelletier; Victoria Kent; Clara Campoamor; Rosario Acuaña, …

La Masonería femenina como tal, no la de adopción, se remonta a 1936, año en que las logias femeninas logran la autonomía de las masculinas.Las Guerras Mundiales marcaron un paréntesis, pero a partir de 1945 se reconstituyen.

Aparece la primera Gran logia femenina en 1952: en Francia, con origen en los movimientos feministas masónicos de finales del siglo XIX que, agrupados con anterioridad a la Segunda Guerra Mundial, culminaron en su fundación.

En la actualidad, y repartidas por más de 350 logias, existen unas 15.000 hermanas por todo el mundo.

La mujer tiene la oportunidad de trabajar para recibir la luz, la luz del conocimiento bajo el ideal del progreso del género humano en igualdad.

La Masonería liberal adogmática no entiende de barreras. Termina Teresa Bellido cita a Louise Michel de nuevo.

Fotógrafo profesional, Teresa Bellido es una histórica masona andaluza. Ha participado en multitud de conferencias y congresos, muchos de ellos representando al Gran Oriente de Francia.