12 de Diciembre de 2021

La Logia Antonio Machado nº 103 enciende sus luces en Sevilla

“Esta luz de Sevilla... Es el palacio donde nací, con su rumor de fuente”, (Antonio Machado).

Ha levantado sus columnas en Sevilla la R.·. L.·. Antonio Machado nº 103 de la Gran Logia Simbólica Española. El SGM, acompañado de Grandes Consejeros de la GLSE, celebraron con los hermanos y hermanas de este nuevo Taller, y con los de muchos Talleres de Andalucía y de todo el Estado, que se trasladaron hasta allí, esta ceremonia y lade  instalación del VM y oficiales de la Logia.

La numerosa, cosmopolita y bullente Logia Antonio Machado nº 103, es la undécima Logia andaluza de la GLSE y la cuarta sevillana, lo cual convierte a la capital de Andalucía en la tercera ciudad con más talleres masónicos de nuestra organización en toda España, tras Barcelona y Madrid. También es la segunda de la ciudad que trabajará en el Rito Francés, el segundo más practicado en la Gran Logia.

Sevilla tuvo un papel clave en la vida de Antonio Machado y es que su infancia en esta ciudad fue uno de los temas recurrentes en sus versos. Antonio Machado es una de las figuras más emblemáticas de principios del siglo XX, su obra se sitúa en los escalones más altos de la escritura creativa. Profundamente personal y lírico, su trabajo busca continuamente las raíces populares de la tradición española, profundizando cada vez más en la tradición andaluza.

Antonio Machado estaba muy preocupado por la conciencia y la percepción. El efecto que los cambios y transformaciones tenían en el individuo eran importantes para él, más importante que evaluar la preocupación por el declive de la España de su época en un contexto puramente político. Su atención a temas como la razón y la libertad, su visión de una heterogeneidad de la comunidad, donde todo el mundo es el otro y no hay un "yo", complementa la razón con la experiencia de la vida misma.

 

ANTONIO MACHADO y LA MASONERIA por EMILIO GONZALEZ LÓPEZ
«La Masonería opera sobre el espíritu de los hombres en general atrayendo a su seno a aquellos que por su bondad y tolerancia están ya predispuestos a colaborar en la gran empresa de fraternidad humana universal, sin credos ni razas, que le está encomendada; y ya a los que están dentro de su organización, habituándolos a desarrollar ese espíritu en el seno de sus logias, que son modelo de respeto democrático de unos hombres por los otros.

Uno de los grandes espíritus generosos, llenos de amor por la humanidad y de simpatía por sus semejantes, fue el poeta español Antonio Machado, figura cumbre de la poesía española contemporánea y de todos los tiempos. Machado antes de ingresar en la logia Mantua, logia madrileña de la Gran Logia Española, había mostrado siempre en todos y cada uno de sus poemas ese mismo espíritu fraternal por todo lo creado, por las criaturas humanas y por los otros seres de la naturaleza animada e inanimada, que constituye el fondo del alma masónica.

Su entrada en la Masonería le hizo ver que el alma que latía en sus concepciones poéticas, de las más bellas que se han creado en español y en cualquier lengua, era la misma que guiaba a unos cuantos hombres empeñados en la callada y paciente empresa de hacer más buenos a los demás y a ellos mismos, y a mostrar su fraternidad ayudando a los desgraciados y desvalidos.

Machado no sólo expuso poéticamente esta filosofía, sino que la practicó en todos los actos de su vida; porque filosofía sin conducta no vale gran cosa, y un masón es, antes que nada, una conducta clara fraternal, de amor y no de odio por los demás seres humanos.
No perdió su fe en la fraternidad en los momentos dolorosos de la guerra civil, sino que por el contrario, aquel momento trágico porque pasó y aún está pasando España, avivó en él esa fe, pues vio que la guerra civil era en gran parte el producto del odio acumulado en el alma de un pueblo y sembrado por quienes se titulaban patriotas.
Machado escribió durante la guerra algunos de sus poemas más dolorosos y angustiados; también más llenos de esperanza en el futuro de su pueblo entonces desangrándose por las heridas que el ejército sublevado le causaba con sus bayonetas en su cuerpo y en su alma.
Con la emigración republicana emprendió la marcha del destierro. Y a los pocos pasos de cruzar la frontera, viendo todavía la mole gigantesca de los Pirineos, que a la vez separan y unen a España y Francia, murió Antonio Machado, cuyo cuerpo descansa en un pequeño cementerio de Colliure, cuidado como una reliquia por un grupo de franceses; y cuya alma vaga eternamente viva por algunos de los poemas más bellos de la lengua castellana predicando en ellos su amor fraternal por todo lo creado.