15 de Diciembre de 2020

La Logia Clave 77 nace en el Oriente de A Coruña

Con la voluntad de crecer en igualdad, desarrollando lazos fraternos por encima de diferencias culturales, sociales y territoriales, como elemento sustancial del trabajo al progreso de la humanidad, Clave 77 se asienta en el principio de igualdad, no sólo entre hombres y mujeres si no ante diferencias culturales, de clase, de origen o de ideas. La Masonería se nutre de la diversidad de quienes la formamos y cada uno, en su diferencia, se une al otro en igualdad.

El trabajo en nuestra Logia se inscribe dentro de la tradición del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, rito masónico mayoritario, aunque consideramos fundamental para el desarrollo del masón conocer y practicar otros ritos y complementar la visión masónica, que es grande y diversa. Como ejemplos dentro de esta visión encuadramos al Rito Francés, al de Memphis-Mizraïm o al Rito Emulación, de los cuales la Gran Logia Simbólica Española tiene Carta Patente.

La Logia Clave 77 se reúne en algún lugar geométrico del Oriente de A Coruña, sólo conocido por los Hijos de la Viuda, y recibe a todos aquellos Hermanos y Hermanas libres y de buenas costumbres que quieran compartir trabajos con nosotros en un ambiente de paz, fraternidad y respeto mutuo.

 

No es de sorprender nuestro deseo de trabajar en A Coruña. La Masonería tuvo un desarrollo temprano en Galicia. Dos de las primeras logias que aparecieron en España, tras la guerra de la Independencia, tenían su sede en nuestra ciudad, hecho que no dejaba de estar relacionado con la fortaleza que adquirió A Coruña, su burguesía y el surgimiento de un pensamiento político liberal.

Alberto J. V. Valín Fernández, en sus obras de historia del S XIX y XX, explica cómo surgieron estas primeras logias en Galicia: mes y medio tras la vuelta de Fernando VII y después de su primer real decreto, que declaraba nula y sin efecto la obra de las cortes, 29 masones reunidos en Tenida (13 de ellos militares), solicitan al Gran Oriente de Francia la “patente” para que su Logia sea regularizada. Fue el 12 de mayo de 1814, doce días más tarde de la publicación del segundo decreto del rey, que prohibía todo tipo de sociedades secretas.

Con fórmulas similares a las de las logias bonapartistas, nace “La Reunión Española” en La Coruña. Destacan entre sus fundadores, Luis Lacy y Marcelino Calero (asociados al club liberal “La Esperanza”). La Logia desparece en 1817.

El segundo Taller, “Los Amigos del Orden”, pide entrada en el Gran Oriente de Francia desde La Coruña en 1817. Era estrictamente militar y para españoles. Destaca entre sus miembros Carlos Espinosa, quien dirigió la sublevación militar en La Coruña en febrero de 1820, apoyando el levantamiento de Riego y Quiroga en Cabezas de San Juan.

Ninguno de estas dos Logias fue denunciadas a la policía del Rey, aunque la Logia Los Amigos del orden tuvo algún momento de peligro, según consta en una comunicación que envió, en agosto de 1814, al Gran Oriente de Francia. Recordemos que reforzando su prohibición, el 21 de julio de 1814, Fernando VII restauró la Inquisición.

Por si fuera poco, en 1827, como indica Ferrer Benimeli, todos los boletines eclesiásticos reprodujeron íntegra la bula de León XII contra los masones, siendo leída tres domingos consecutivos en todas las parroquias tras la Misa Mayor. El Gobierno también la publicó en la Gaceta, acompañada de la Real Cédula de 14 de febrero de 1827.

Con posterioridad a la muerte de Fernando VII, aunque la Masonería siguió prohibida, su persecución fue menos caustica. La Reina Regente firmó una amnistía que incluía a los masones. Pero la posición del Gobierno durante las regencias de María Cristina (1833-1840) y del general Espartero (1840-1843), fue de firme de persecución a los masones españoles.  

A la caída de Espartero, Isabel II dejó las cosas como estaban y también persiguió a la Masonería. Solo la Revolución de septiembre de 1868, trajo nuevos vientos de libertad y pudo volver a granar libremente en España.

Considerable parte de los masones gallegos del siglo XIX eran de profesión «militar» y mayoritariamente marinos. El resto ostentaba oficios muy próximos al ámbito marítimo, generalmente empleados en los célebres astilleros, sobre todo en Ferrol.

La Masonería gallega de los años treinta, acoge al conflictivo y políticamente radical “Triángulo Atlántida 1” de Ferrol, cuya logia madre fue la murciana (de Cartagena) Atlántida 5, dependiente a nivel obediencial de la Gran Logia Regional del Sudeste de España. Fue un Triángulo “flotante”: sociedad masónica marina y no una gran logia naval como pretendía la Gran Logia Regional del Noroeste de España.

La cuestión de las logias «flotantes» no era nada nuevo: los ferrolanos adelantaron la idea con sus reuniones cuando sus buques atracaban en puerto, además de tener por base de las Logias Marina 1 y Marina 2, de la Gran Logia Simbólica Española, el crucero Reina Regente (hundido con su correspondiente logia en 1895), y el crucero Reina Cristina.

El Triángulo Atlántida 1 causaría una polémica disputa entre las Logias regionales astur - gallega y murciana, que acabaría con la conversión del Triángulo flotante en la Logia ferrolana Breogán 16.

Referente a los casos de masonería rural en la historia gallega, fueron pocos los masones gallegos auténticamente agricultores o propietarios de tierras. La mayoría eran comerciantes de villas gallegas cabecera de comarca, funcionarios de ayuntamiento, maestros, y profesionales liberales. Gran parte de las Logias estaban formadas por masones no residentes en la población sede de la Logia, ya que se trasladaban desde aldeas y pazos de la zona.

Existe otro arquetipo excepcional de Masonería rural en Galicia: el centro irradiador de Monforte de Lemos, a donde llega gracias a la construcción de la línea férrea. Este primer caso conocido de Masonería ferroviaria de la historia de España, acabó siendo denunciado por el obispo de Lugo, Gregorio María Aguirre y García.

No podemos olvidar, dentro de este fenómeno de Masonería rural gallega, el sorprendente ejemplo de Masonería femenina en Galicia porque se adelantó al francés de Georges Martin y María Deraismes.

Galicia cuenta con una tradición de dos siglos desde que comenzó en A Coruña. Masones y masonas herederos de circunstancias y denominaciones distintas, pero con vocación y voluntad masónica, trabajan desde el año 2013 arropados por la Gran Logia Simbólica Española en la ciudad de los mil nombres: Gahl Corny (lengua de tierra), lo que siempre fue La Coruña, la ciudad que se adentra en el mar.