16 de Febrero de 2021

Laicidad y libertad de conciencia

El tema "La laicidad y la libertad de conciencia en un mundo plural" articuló la conferencia con la que el doctor en comunicación y periodismo Gabriel Jaraba, obsequió a numeroso público, en una convocatoria online el 14 de febrero, dentro del ciclo de conferencias sobre el laicismo, iniciadas en octubre de 2020 y que se van a prolongar hasta el mes de mayo de 2021, de la mano de la R.·. L.·. Acacia nº 85 de Barcelona y el apoyo de la Fundació Ferrer i Guardia.

El doctor Jaraba se centró en el presente: "estamos en un momento de gran aceleración, la visión de la sociedad es compleja. Afrontamos problemas del S. XXI con herramientas y marcos conceptuales del S. XX".

La globalidad extiende esta sociedad compleja al planeta entero. Estamos en una sindemia: la humanidad entera está enferma, la llegada de la enfermedad Covid19 es una vivencia universal, porque nos encontramos ahora en un solo mundo para todos, sin sintonía y con la utopía vencida de un lugar mejor que el capitalismo o del comunismo.

La Guerra Fría la ganó el bloque capitalista. Pero el otro bloque recuperó fuerzas con el socialismo real no obsoleto de China, con su éxito económico sin ceder autoridad a las formas democráticas. Es un capitalismo autoritario que niega la universalidad de los derechos Humanos.

Hay una tercera guerra mundial a trocitos: Azerbaiyán, los Balcanes, …, son ajustes del sistema globalizado y expresiones locales de la tensión mundial. Surgen elementos religiosos mezclados en escenarios como Polonia o Turquía; en Sudamérica los pentecostalistas y/o evangelistas están en las nuevas dictaduras o semi dictaduras, donde el poder eclesial amenazante se desmarca y aleja de la Iglesia de Roma. Son desajustes que está por ver cómo avanzarán. El trasfondo de todo esto es común: el potencial de destrucción, no es ecológico ni climático, es por el arsenal nuclear, misiles que siguen operativos.

La política sigue siendo la continuidad de la guerra. Nos dirigimos a nuevas tensiones, enfrentamientos y cuando los halcones llegan al poder, hay un retroceso en los Derechos Humanos.

La tensión entre laicidad y libertad de pensamiento ocurre como efecto de la pugna: regresó la religión al poder con el ayatolá Jomeini y, tras la caída de las Torres Gemelas, los ilustrados europeos siguen recuperarse de la sacudida y sin columbrar la presencia de la religión que mata.

Gobiernos y medios de comunicación cambian el foco de atención hacia otros asuntos.

El problema no es una u otras creencias, los Derechos Humanos deben ser el punto de encuentro ante la posibilidad de que algunas cosas vayan a peor, debido a los diferentes dictadores individuales o colectivos o razones de Estado que siguen destruyéndolos. No hay diferencias culturales ni de costumbres excusa para romper la implantación de los derechos humanos.

La pervivencia del planeta ante tensiones y la viabilidad de la vida humana en caso de desastre es la cuestión primera. También hay que reflexionar sobre la vida colectiva en libertad con un sistema posterior al Capitalismo. Ante el peligro que conlleva una religiosidad popular que se ha ido acercando al populismo, la convergencia y la cooperación deben encontrar un espacio para desautorizar esos puntos de tensión.

La acción contra los “empeadores” es encontrar un espacio para la tolerancia y la cohesión. Los “mejoradores” deberíamos tener una estrategia de no tensión y de mutua aceptación.

En el próximo encuentro, el día 14 de marzo, Manuel Fernández disertará sobre “Laicismo y judaísmo”. Para más información: R.·. L.·. Acacia nº 85