9 de Mayo de 2021

Laicismo, Masonería e Iglesia Católica

Javier Otaola cerró el ciclo, organizado por la R.·: L.·. Acacia nº 85 de Barcelona y la Fundació Ferrer i Guàrdia, sobre la laicidad.

Comenzó Javier Otaola su conferencia, agradeciendo la invitación para ofrecer su visión personal, y se refirió a la laicidad o secularización del Estado con la fórmula expuesta en su libro “Laicidad, una estrategia para la libertad”: no es una idea material sino procesal (derechos que sirven para mitigar o confrontar posiciones en relación a derechos materiales que se reclaman). Establece un marco donde muchas cosas se pueden definir y compartir, y otras no. Ser laico no es una posición espiritual o filosófica de fondo sino política, que tiene que ver en cómo nos vamos a relacionar personas que no compartimos ciertos aspectos de ciertas verdades subjetivas. La laicidad como una estrategia de convivencia es esencial y forma parte de la idea de democracia.

 En el ámbito personal, se confiesa adscrito al cristianismo anglicano y partidario del laicismo.

La laicidad está relacionada históricamente con la secularización (noción sociológica y política más amplia), concepto matriz sobre el que se funda la primera. Hay una larga lucha histórica entre una única verdad que tenía que explicarlo todo, la verdad religiosa, de las que supuestamente no lo eran. Fuera de la religión nada podía ser tomado como verdad, hasta que Martín Lutero clavó sus 95 famosas tesis en 1517, y tras la Guerra de los 30 años se produjo un gran cambio.

1.- El largo camino hacia la civilty. La secularización paulatina de la política y de la ley civil: la pluralidad del espacio público.

Laicidad es un término jurídico de origen francés, que establece el principio de separación del Estado institución de las confesiones religiosas, y su imparcialidad o neutralidad en relación con las mismas. Se opone al reconocimiento de una religión de Estado, pero no implica la desaparición de lo religioso del espacio público social.

Existen, en los países democráticos, diferentes fórmulas: desde la laicidad propiamente dicha, a la secularización de la política (secularismo). La idea de la neutralidad de la ley civil respecto de las religiones es fruto de un largo proceso histórico.

El término inglés “secularism” tiene un contenido de orden jurídico semejante al de “laicidad” francés; el orden de lo político y de la ley civil se asociará al orden de la vida común, siendo asequibles a la razón natural las cuestiones relacionadas con el tiempo ordinario y práctico de la cotidianeidad, sin relación con lo eterno, lo revelado y lo sagrado.

Imagen: La ejecución de Carlos I, autor desconocido, (1649). El retrato de la parte superior izquierda es el de Carlos I, a la derecha el de su verdugo, abajo a la izquierda Carlos camino del cadalso y a la derecha gente mojando pañuelos en su sangre.

Los conflictos políticos - disputas religiosas dirimidos en sangrientos enfrentamientos en toda Europa durante los siglos XVI y XVII, concluyeron con la Paz de Westfalia y los tratados de Osnabrück y Münster, firmados el 24 de octubre de 1648. Fue el primer congreso diplomático moderno y estableció un nuevo orden en Europa central, basado en el concepto de soberanía nacional, que establece el principio de la integridad territorial, fundamento de la existencia de los Estados, sin estimar la religión practicada, superando la concepción feudal de que territorios y pueblos constituían un patrimonio hereditario del monarca. Westfalia marcó el nacimiento del Estado nación.

Imagen: La Guardia Cívica de Ámsterdam celebra la Paz de Münster. Bartholomeus van der Helst, 1648, expuesta en el Rijksmuseum

Ante el reconocimiento de la imposibilidad de arbitrar reglas de verdad indiscutibles, que permitieran “decidir” la mayor verdad de unas opciones religiosas sobre otras, se buscaron otro tipo de soluciones de Derecho, que permitieran la pacífica convivencia, a pesar de las diferencias religiosas: una religión no concede un derecho especial a unos Estados sobre otros.

Esta misma idea ya la había adelantado, en el siglo XVI, Francisco de Vitoria: la universalidad del “Iuis Gentium” protegía los derechos de los Indios americanos, al margen y por encima de su paganismo religioso; o por Hugo Grotio en su obra “De iure belli ac pacis”, en la que defendía que las relaciones internacionales debían regularse al margen y por encima de las diferencias religiosas: “vivir como si Dios no existiera” …

En Inglaterra vivieron sus propias guerras de religión, asociadas a las disputas dinásticas que dieron lugar en 1688 a la Revolución Gloriosa, donde fue derrocado el rey católico Jacobo II Estuardo y llevó al poder a su hija María II y a su esposo, el protestante Guillermo III de Orange. Así terminó la inestabilidad política que desde 1642 caracterizó a la Revolución inglesa.

Tras Guillermo de Orange, se estableció la dinastía de los Hannover, con Jorge I, que reinó desde 1698, coincidiendo con el nacimiento de la masonería especulativa o moderna en 1717. Sus documentos fundacionales o “Constituciones de Anderson” de 1723 marcan la necesidad de consolidad hábitos de conversación pública transversal entre ciudadanos por encima de sus divisiones religiosas o ideológicas.

La resolución de las tensiones políticas y dinásticas asociadas a las diferencias religiosas originan el concepto inglés “civilty” o “civilidad”, semejante al de laicidad, aunque más relacionado con los conceptos de “urbanidad”, y “buena educación”.

2.- La Masonería especulativa de 1723 y la Logia como Centro de la Unión, personifica la construcción de una sociabilidad filosófica más allá de las diferencias religiosas.

La primera de las obligaciones de un Francmasón, albergada en las Constituciones de Anderson, queda prefigurada la idea de “civilty”, secularismo o laicidad.

El Centro de la Unión como idea de pacto de convivencia entre diferentes, es la misma idea de pacto que subyace en el origen del parlamentarismo político, y que puede de manera natural extrapolarse al ámbito de la Ciudad, configurando la idea de Ciudadanía como un espacio de encuentro más allá de las diferencias, haciendo de la laicidad o civilty un vínculo de Amistad Civil, como fue propuesta por el filósofo John Rawls a modo de “equilibrio reflexivo” (entre lo que es la creencia que tiene un individuo -de religión - y las normas que desarrolla el Estado, equilibrio que nos permite a todos los que convivimos bajo la misma ley, mantener entre nosotros una relación de equidad y confianza, por encima de las diferencias no sólo religiosas, sino también ideológicas que nos pueden llevar a enfrentarnos.

En países “protestantes” como Alemania, Suecia, Noruega, Dinamarca, Reino Unido o Estados Unidos, la neutralidad del Estado se ha consolidado más por la fuerte secularización de la sociedad que por causa de un principio político definido en términos de separación o laicidad.

En Estados Unidos, paradójicamente, existe una separación constitucional indiscutida entre Estado e Iglesias, defendida por los Tribunales, pero al mismo tiempo se produce un discurso social y político plagado de referencias bíblicas y religiosas.

Por el contrario, en países sociológicamente católico-romanos como Portugal, Irlanda, España, Francia, Bélgica, Italia, Polonia o México, la neutralidad religiosa del Estado se ha visto confrontada fuertemente por parte de la Jerarquía Católica. Sin embargo en Francia y Bélgica se ha desarrollado una laicidad política militante.

Los disturbios bíblicos de Filadelfia de 1844 reflejaron una tensión de prejuicio y hostilidad anticatólicos que recorrió los Estados Unidos del siglo XIX. Colección Granger, Nueva York. Fuente: Smithsonian

3.- El secularismo y la cuestión epistemológica: el cuádruple concepto de verdad.

El término “secularismo” fue usado por primera vez por el escritor británico George Holyoake en 1851, como aquella posición ideológica que promueve un orden socio-político separado de las religiones, sin plantear una posición crítica activa contra las creencias religiosas. La laicidad sería la fórmula jurídica para regular esa separación.

En 1872, se define como “agnóstico”: el secularismo no es un argumento contra el cristianismo sino completamente independiente de él. No cuestiona las pretensiones del cristianismo, sino que aporta otras pretensiones diferentes.

El conocimiento secular: la filosofía, la ciencia, la técnica… es esa clase de conocimiento que se funda en las circunstancias y realidades de esta vida y conduce a la mejora de nuestras condiciones de vida y lo hace de una manera contrastable y testable por la experiencia.

El secularismo o la laicidad poseen dos perfiles distintos: duro, si considera las proposiciones religiosas como epistemológicamente ilegitimas y en aras de la verdad “objetiva” busca combatirlas tanto como sea posible. El secularismo blando, identifica la idea de laicidad como pacto de convivencia y reconoce a las proposiciones religiosas un valor existencial o subjetivo, pero sin pretensión de ser universalmente vinculantes, al no poder razonarse universalmente; deben sin embargo ser toleradas y amparadas si se mantienen en el ámbito de la libertad individual y comunitaria.

Los secularistas estuvieron en la primera línea de las campañas contra las tarifas de la Iglesia, como se puede ver en esta ilustración de 62 Fleet Street. El local fue una vez el Templo de la Razón de Richard Carlile y fue desde aquí donde vendió las obras de Paine que había vuelto a publicar "Every Woman's Book", la primera publicación en este país que aboga por el control de la natalidad y la liberación sexual. Richard y Jane Carlile fueron feministas pioneras que pensaban que la moral sexual cristiana actual reprimía a las mujeres. Durante sus vidas, los Carlile fueron encarcelados por sus esfuerzos, junto con muchos trabajadores de tiendas que vendieron sus publicaciones.

Existen entonces, verdades vinculantes para todos, racionales y contrastadas por los medios de conocimiento fiables en el momento; y verdades subjetivo-existenciales o de la conciencia individual, de fe o de tradición. Esta distinción es fundamental para la avenencia con la idea de laicidad y/o secularismo político.

Otro tema es el de la noción de “verdad”, cuya múltiple raíz está fundamentada en la obra del filósofo Martin Heidegger, cumbre del existencialismo del siglo XX. Las diferentes verdades dependen del diferente método con que se determinan, y su valor tiene diferente alcance. La verdad objetivable, la más segura epistemológicamente es, sin embargo, limitada y parcial y sólo se puede definir, con métodos lógico-matemáticos o científicos y experimentales, asociados al principio de la duda metódica definido por Descartes. Otros pensadores que han contribuido al pensamiento secular son Isaac Newton, Kant, Voltaire, Spinoza, James Madison, Thomas Jefferson o Thomas Paine.

La laicidad como pacto de convivencia entra en debates prácticos e institucionales siguiendo el principio de Jefferson: considerar que el valor de lo religioso, no puede ir mas allá de las verdades existenciales y de la práctica religiosa que elija libremente cada persona bien individualmente o en comunidad.

La ley política tiene que amparar ese ámbito de libertad existencial y su correspondiente libertad asociativa, pero no le puede dar valor de argumento parlamentario que pueda convertir una proposición religiosa en Ley general.

Thomas Jefferson formula la laicidad con la expresión “the Wall of separation".

4.- Las posiciones de la Iglesia Católico-Romana en relación con el secularismo y la laicidad desde Pio IX hasta Francisco I.

La Iglesia Católico-Romana no ha dejado de participar en debates legislativos, directa o indirectamente, con su propio argumentario moral – social (indicaciones éticas o de moral religiosa no solo para sus fieles sino para todos los ciudadanos): aborto, eutanasia, adopción de menores, escuela, investigación científica…

Un Estado libre y democrático no puede ni debe impedir que las Iglesias defiendan sus respectivas doctrinas morales respecto de sus fieles, en el ejercicio de su propia fe, pero no propugnando normas que afectan a todos. La defensa de esas posiciones, si tienen trascendencia en el debate legislativo, tendrán que articularse no con referencias de Revelación sino con argumentos de Libertad, Igualdad y Justicia en los que todos, creyentes o no, puedan y deban participar para convenir sobre lo mejor.

La Iglesia Católica se mostró en el S. XX contraria a una laicidad entendida como separación, tal y como fue proclamada en el republicanismo francés por la Ley de Separación de 1905. Pero muy paulatinamente ha ido adaptándose a la nueva situación: León XIII recomendó a los católicos franceses su colaboración con la República, aún en régimen de laicidad.

El momento más beligerante e integrista de la Iglesia Católica se produce durante el papado de Pio IX, autor del famoso Syllabus - 8 de diciembre de 1864- en el que se anatemizan los llamados errores modernos.

Pío XI y Pío XII no lo desautorizaron pero se apartaron y buscaron una reconciliación con la forma democrática (pluralismo ideológico) del Estado, como acorde con la razón natural.

Los cambios más trascendentales en esta evolución de la Iglesia Católica se produjeron con Juan XXIII (1965) y el Concilio Vaticano II, Encíclica Gaudium et spes que supuso un cambio radical, al aceptar el fin de la Cristiandad como modelo de una sociedad homogénea, y de la Iglesia como elemento fundamental de unidad y de vertebración colectiva.

En 2005, el Papa Juan Pablo II se dirigió a la Conferencia Episcopal de Francia elogiando la laicidad con motivo del centenario de la Ley de separación de 1905. Curiosamente se viene considerando en España un tabú por parte de los sectores católicos.

Algunos autores han querido contraponer laicismo y laicidad, pero ambos son conceptualmente la misma cosa: la no injerencia del Estado en la religión (ni en contra ni a favor), ni de la religión en el Estado.

La laicidad como valor liberal es una fórmula jurídico-política orientada a preservar la libertad de conciencia de los ciudadanos en las cuestiones que afectan al orden político, dejando las opciones religiosas para el ámbito de lo personal y lo social, siempre en el marco del orden constitucional.

Tras más de una hora de exposición, Javier Otaola, centró el posterior debate en un corolario más cercano a nuestro tiempo a través de varias concousiones-

En el siglo XX, las mayores amenazas contra la libertad y los derechos humanos en Europa no vinieron de las religiones, sino de los dos grandes totalitarismos modernos: el nacional-socialismo que practicó una especie de neopaganismo nacionalista y que llevó al mundo a la II Guerra mundial (con 20 millones de muertos y al horror de Auschwitz y a los Campos de exterminio en los que murieron seis millones de judíos), y el comunismo soviético que se definía como científico y ateo, con el terror liberticida del stalinismo y el asesinato de entre 2 y 5 millones de personas en el GULAG y el Holocausto ucraniano -Holodomor (con entre 1.5 y 12 millones de personas muertas por hambruna).

1) La Constitución de 1978, en su Artículo 1 y Artículo 16, impone al Estado la obligación de ser neutral (laicidad) y de legislar para la pluralidad de la sociedad atendiendo exclusivamente a argumentos de libertad, igualdad y justicia y al mismo tiempo admite la deseable cooperación con las confesiones religiosas en asuntos de interés común salvaguardando su respectiva autonomía.

2) Es también mandato constitucional, proteger la libertad religiosa como una forma de la libertad de conciencia, así como su manifestación social en el marco del respeto al orden público.

3) Según la jurisprudencia del Tribunal Constitucional en su interpretación del principio de laicidad (arts. 3, 27.3 y 9 CE) del Estado, la Constitución garantiza la separación entre las funciones estatales y las religiosas afirmando la aconfesionalidad del Estado, que sin embargo puede y debe tener en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantener las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y con las demás confesiones, a fin de garantizar el efectivo y plural ejercicio de la libertad religiosa por los individuos y las comunidades.

4) La laicidad del Estado y de sus instituciones prevista en el artículo 16 no implica la invisibilidad de las creencias religiosas.

5) La sociedad española gestiona con naturalidad el pluralismo religioso y el Parlamento español ha legislado ampliamente, desde 1978 al paso de la evolución social, sin imposiciones confesionales, en materias como el divorcio, la educación sexual, el matrimonio homosexual, las políticas de igualdad, la eutanasia…, sin embargo, nos hacemos trampas a nosotros mismos y se incumplen aún al día de hoy algunos presupuestos esenciales del artículo 16 de la Constitución como:

—Privilegios presupuestarios.- Se privilegia a los miembros de determinadas confesiones que pueden asignar parte de su Declaración de la Renta al culto de su propia confesión, eludiendo así sostener las cargas generales del Estado en igualdad de condiciones con los ciudadanos,

—Subvenciones con cargo a los presupuestos del Estado cuando es un principio esencial de la separación del Estado y de las Iglesias que ningún culto debe ser sostenido por los poderes públicos, sino que deben ser sostenidos responsablemente por sus miembros.

—Privilegios educativos.- Se abren en horario curricular las escuelas públicas a la enseñanza confesional de la religión, tanto del catolicismo romano como del islam y se paga el sueldo de sus formadores religiosos, que eligen sus dirigentes.

—Confesionalidad institucional.- Es contrario al artículo 16 de la Constitución y a la neutralidad del Estado el mantenimiento —de modo reglamentario— de algunos patronazgos confesionales con sus correspondientes cultos, en determinados Cuerpos del Estado: Guardia Civil con la Virgen del Pilar, Policía Nacional y Municipal con Ángeles Custodios, la Armada con la Virgen del Carmen.

6) La defensa de la laicidad es una tarea permanente y en la actualidad existen nuevos desafíos: religiones con grupos beligerantes de marcada vocación política y que, además, en algunos casos amparan y promueven formas de terrorismo de inspiración religiosa. En la República Francesa,el Presidente Macron considera imprescindible reforzar el respeto de los principios de la República y la lucha contra el separatismo islamista.