9 de Abril de 2019

Las Logias Arte Real (Madrid) y Vinte Cinco de Abril (Lisboa) se hermanan

Lisboa recibió con lluvia a los masones y masonas de la Logia Arte Real, nº 44 de la Gran Logia Simbólica Española. Pero, como dijo alguno de nosotros, “hay que ver qué bien llueve en Lisboa”. Unos llegamos a la capital portuguesa en el autobús contratado por la Logia; otros, en avión, en coche o como se les ocurrió, pero al final, “a mediodía en punto”, allí estábamos todos, la mayoría con amigos y familiares.

Llueve bien en Lisboa, pero en realidad eso daba igual: no habría habido tormenta que impidiese la presencia de Arte Real (y de hermanos y hermanas de otras Logias de la GLSE, como Renacimiento y Manuel Iradier) en la impresionante ceremonia de hermanamiento de la Logia madrileña con la Logia portuguesa Vinte e Cinco de Abril, del Grande Oriente Lusitano. Mucho habíamos trabajado todos para que este día llegase. Eran demasiados preparativos, demasiado trabajo, demasiados sueños y demasiado cariño largamente compartido como para que lo estropease, al final, una mala lluvia. Pero no. En Lisboa llueve muy bien. Como está mandado.

El encuentro, magníficamente organizado por nuestros hermanos portugueses, comenzó a primera hora de la mañana con un largo paseo por la “Lisboa masónica”, que es casi tanto como decir por toda la Lisboa barroca, neoclásica, romántica y contemporánea, porque desde los majestuosos edificios de la Praça do Comércio hasta los más remotos rincones de la ciudad abundan en símbolos y decoraciones que tienen relación directa con la Masonería. El querido hermano Sócrates, verdadero protagonista de este encuentro porque es miembro de las dos Logias, la española y la portuguesa, derrochó toda su sabiduría de historiador, que es inmensa.

Se acercaban la tarde y el momento decisivo, la Tenida masónica. Hay que decir que la Logia Vinte e Cinco de Abril no es una Logia común y corriente. A ella pertenecen muchos de aquellos capitanes que el 25 de abril de 1974, cuando ellos eran apenas unos veinteañeros, llenaron de claveles las bocas de los fusiles y derribaron, en un solo día, una dictadura de 48 años, devolvieron la Libertad a Portugal y dieron una lección al mundo.

Allí estaba el querido hermano Vasco Lourenço, cerebro de la Revolución de los Claveles, sin el cual nada de todo aquello se habría producido. Allí estaba el querido hermano Aprígio Ramalho, el capitán de 28 años que en aquella jornada histórica tomó el Regimiento de Infantería de Viseu mientras el coronel que lo mandaba se despedía con un “hasta ahora” para no volver más. También están muchos otros que ya no tienen veinte años, pero en cuyos ojos brilla como siempre la luz de quienes se jugaron la vida por restituir a su patria la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. Y siguen creyendo en ello como el primer día. No, la Vinte e Cinco de Abril no es una Logia más. Es, como nos había dicho el hermano Sócrates mucho tiempo atrás, la Logia de los héroes de aquella gesta que hoy permanece perfectamente viva en la memoria de los portugueses. Y de millones de ciudadanos más, de todo el mundo.

De la Tenida se debe decir poco. Que estábamos allí más de 70 hermanos y hermanas, y “allí” era el enorme y maravilloso templo mayor del Grande Oriente Lusitano, un edificio de cuatro plantas ubicado en el Bairro Alto de la Ciudad que alberga también el maravilloso Museu Maçonico Portugês, uno de los más importantes de Europa.

Se debe decir también que los trabajos fueron dirigidos, al principio, por los Oficiales de Arte Real, en rito Escocés Antiguo y Aceptado, con su Venerable Maestra (Marisol Carrasco) al frente; y que, más o menos a la mitad, ocuparon los Oficios masónicos los hermanos portugueses, en rito Francés.

Que se leyó en los dos idiomas el texto del Acuerdo de Hermanamiento, que compromete a las dos Logias a asociar sus nombres, a trabajar juntas por la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, y a visitarse mutuamente al menos una vez al año. Que será muy difícil olvidar las impresionantes palabras del hermano Vasco Lourenço, sobre la revolución de los claveles como semilla de libertad. Que las dos copias del acuerdo, en el cual aparecían la Torre de Belém y la Puerta de Alcalá unidas por una escuadra y un compás, y por tres grandes claveles rojos, fueron firmadas y mostradas a todos los presentes por los respectivos Garantes de Amistad.

Que, en cierto momento, apareció por sorpresa un hermano portugués con un gran cajón de claveles que empezó a repartir entre todos, y en los altavoces sonó el “Grândola, vila morena”, en la voz de José Afonso; y que españoles y portugueses (los españoles llevábamos fotocopias con la letra; algo sospechábamos) cantamos a voz en cuello, sin contener la emoción, el célebre himno en el que se habla de “liberdade, igualdade e fraternidade”.

Que la Venerable Maestra de Arte Real entregó –otra sorpresa– al Venerable Maestro de la Vinte e Cinco de Abril y al Garante de Amistad de la Logia lisboeta, que era nada menos que el hoy coronel retirado Aprígio Ramalho, respectivamente la octava y la novena Medallas de Arte Real, con su diploma, y recibió, a su vez, la Medalla de la Vinte e Cinco de Abril.

Y que la Tenida concluyó en un magnífico Ágape fraternal que se celebró en el restaurante de la sede de la Associação 25 de abril, que congrega a más de 6.000 ciudadanos y ciudadanas de Portugal y que preside el hoy coronel retirado Vasco Lourenço: no faltaron los maravillosos fados deliciosamente cantados por un espléndido grupo de intérpretes. Y que nos fuimos a la cama agotados por el viaje y por las intensas emociones, pero completamente felices.

El domingo 7 de abril fue el del paseo –largo y minucioso paseo– por la Quinta da Regaleira, en Sintra: un lugar mágico construido hace más de un siglo por un millonario portugués que se llamaba António Augusto Carvalho Monteiro, al que le interesaban muchos saberes ocultos, entre ellos la alquimia y el templarismo, y desde luego también la Masonería. No brillaba el sol pero, si en Lisboa llueve bien, en Sintra llovía todavía mejor, y lo que sí brilló fue, otra vez, la sabiduría de nuestro hermano Sócrates, que fue explicando cada fuente, cada torre, cada templete, cada estatua, en el sentido que solo saben ver quienes están preparados para ello.

El pozo iniciático que desciende nueve pisos (como los nueve círculos del “Inferno” que describía Dante Alighieri) asombró especialmente a los masones y masonas de Arte Real, porque desde su fondo, mirando hacia arriba, se ve algo muy semejante a la espiral de Fibonacci que conforma el emblema de nuestra Logia.

Nuestras dos Logias ya son hermanas. Fue un viaje que ninguno de los que allí estuvimos olvidaremos nunca. En nuestras cabezas sigue resonando el “Grândola, vila morena”, pero no hay lugar ni motivo para la nostalgia, porque este viaje no fue el final de nada sino todo lo contrario: el comienzo de un trabajo en común que durará muchos años y que pasará de generación en generación, como simboliza la cadena de unión que une a todos los masones y masonas del mundo en la búsqueda de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. No fue solo un gran día: fue el primero de muchos grandes días que nos esperan.


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