3 de Marzo de 2020

Presentación de La Historia oculta de la música

El compositor, director musical, intérprete y profesor Luis Antonio Muñoz miraba la sala con ojos asombrados. El amplio Templo de la GLSE en Madrid estaba a rebosar. Había gente de pie. El motivo era la presentación de "Historia oculta de la música", un libro en el que Muñoz lleva trabajando nueve años y que al fin ha visto la luz gracias a la editorial La Esfera de los Libros. Al presentador del libro, el periodista musical Martín Llade, le pasaba lo mismo. Entre el público estaban entre muchos más, la escritora y periodista Rosa Montero; el músico Eduardo Paniagua; el director y presentador, en Radio Clásica, del programa "Música Antigua", Sergio Pagán...

La mayor parte de los asistentes no eran masones y no habían visto en su vida una Logia. De hecho, esta era la primera vez que la sede de la GLSE en Madrid acogía un acto estrictamente público. A todos les sorprendió el recibimiento cordial, la hermosura del lugar y, como es natural, la abundancia de símbolos. De eso precisamente trata el libro de Luis Antonio Muñoz: de las claves más o menos ocultas que hay en infinidad de obras musicales de todos los tiempos, claves que en muchos casos proceden de las creencias del compositor o de su adscripción a un grupo iniciático.

Erik Satie estaba muy interesado en los rosacruces. Aleksandr Scriabin llegó a crear una "religión" propia de la que era el fundador... y el único feligrés, que se sepa. Leonardo da Vinci escribió música y diseñó curiosos instrumentos musicales, todo ello mediante claves ocultas. Johann Sebastian Bach manejó durante toda su vida una asombrosa arquitectura numérica que puede hallarse en la inmensa mayoría de sus partituras.

Y Mozart, Haydn, Liszt, Gounod, Cherubini, Puccini, Rachmaninov, Saint-Saëns, Couperin, Rameau, Louis Armstrong, Sibelius, Count Basie, Duke Ellington y hasta nuestro Tomás Bretón (el autor de "La verbena de La Paloma") eran masones. Y Beethoven. Sí, también Beethoven (de esto se habló mucho en el coloquio de la presentación del libro), aunque falte el certificado oficial, pero los testimonios en indicios en muchas de sus obras no dejan lugar a dudas.

Todos esos compositores, y cientos más, escribieron sus obras influidos por el estímulo del aprendizaje y del autoesclarecimiento que produce la Masonería, aunque no todos ni mucho menos escribiesen música para las ceremonias masónicas.

Luis Antonio Muñoz agradeció viva y reiteradamente a la Gran Logia Simbólica Española su disponibilidad y todas las facilidades prestadas para hacer la presentación del libro en la sede madrileña de la Gran Logia. Le respondió, muy contento y satisfecho, el presidente del Distrito Centro de la GLSE, José Luis Yagüe. El acto comenzó a las doce del mediodía (hora masónica por excelencia) pero el autor terminó tardísimo. Estaba firmando ejemplares.